escrito el 2 de Febrero de 2010 por
Aprender a Pensar en
01. EDITORIAL
La idea de un pacto por la educación llena a muchos de esperanza con respecto al futuro del mundo educativo en España. No solo porque, de tener éxito, conferiría cierta estabilidad a un ámbito agitado hasta sus mismos cimientos con cada elección legislativa, sino porque hace posible imaginar un proyecto conjunto en el que todos los agentes sociales implicados (no solo partidos políticos, sino también padres y profesores) participen y se escuchen los unos a los otros. Que no lloverá a gusto de todos es del todo predecible (hasta deseable), pero, como suele decirse, una buena prueba de la ecuanimidad de un pacto es que deje insatisfechos a todos los firmantes.
Una de las medidas más discutidas es la de convertir el cuarto curso de la ESO en una doble vía que obligue a los estudiantes a elegir entre una formación orientada hacia el Bachillerato y otra dirigida a la Formación Profesional. Los hay que ven en esta propuesta una medida segregacionista, por la que se trataría de separar a los “buenos” de los “malos” estudiantes, mientras que otros sectores ven en ella un intento de revalorizar la Formación Profesional, tan descuidada en los sucesivos planes educativos. Parece que en la postura de los primeros hay ya ciertos prejuicios subyacentes, al pensar que se empujará a los “malos alumnos” a optar por la vía de la FP. ¿Por qué solo los “malos alumnos” habrían de interesarse por la Formación Profesional, y, de ser así, por qué sería eso “malo” para ellos? Las estadísticas muestran que una gran cantidad de licenciados universitarios se encuentra en el paro con pocas perspectivas de encontrar empleo, mientras que muchos profesionales preparados en las aulas de Formación Profesional disfrutan de una buena posición económica y laboral. ¿No es un buen momento para replantearnos nuestros propios supuestos?
Seguiremos pensando.
escrito el 1 de Febrero de 2010 por
Aprender a Pensar en
02. ARTÍCULOS
Filosofía en la ciudad
Óscar Brenifier

La idea que me rondaba desde siempre era la de iniciar al gran público en la
filosofía, llevar la filosofía a cada uno. Estaba convencido de que, como yo, todo el que descubriera a Platón quedaría enamorado de él. Me parecía aberrante que una actividad tan vital, tan fundamental para el ser humano, que se relacionaba con la comprensión del mundo y el sentido de la existencia, quedara reservada para una elite académica y erudita. De forma que, una vez terminado mi doctorado en filosofía en la Sorbona, decidí lanzar “el gran proyecto”: introducir la filosofía en la ciudad.
Con mi esposa y colaboradora, fuimos a llamar a las puertas de los ayuntamientos proponiendo a los responsables culturales la organización de talleres de filosofía, lo mismo que los que ya existían de teatro, yoga o tejido. Los habitantes de la comunidad podrían venir semanalmente a discutir sobre diferentes temas y descubrir grandes autores. Nos miraron más bien extrañados, las preguntas que nos plantearon nos hicieron comprender que sospechaban fácilmente que queríamos fundar una nueva secta o que pretendíamos presentarnos a las elecciones.
Esto ocurría antes de que llegara la moda de los cafés filosóficos que iba a cambiar la situación y a banalizar un poco la idea de una actividad filosófica popular. Por casualidad o por intervención de la providencia, una elegida acababa de llegar de un viaje a Grecia: aún motivada por el recuerdo de Sócrates, dio su aprobación. De este modo se creó nuestro primer taller filosófico, el primer hito de esta empresa filosófica.
Algunos años después, nuestra hija mayor entraba en la escuela de párvulos. Propuse a la dirección animar sesiones regulares de filosofía con los niños en los diferentes niveles, entre tres y cinco años, algo que realmente nunca antes había hecho.
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escrito el 1 de Febrero de 2010 por
Aprender a Pensar en
04. EXPERIENCIAS
Pero, ¿qué es Twitter?

Twitter, cuyo nombre viene de tweet (gorjear o parlotear en inglés), es un
servicio gratuito que funciona de manera similar a otras redes sociales (a través de un perfil), con la peculiaridad de que la única acción que podemos llevar a cabo en Twitter es enviar mensajes (tweets) de una longitud máxima de 140 caracteres, a semejanza de los SMS de los teléfonos móviles. Estos mensajes los llamamos actualizaciones, con las que el usuario responde a la pregunta ¿Qué pasa?, lo que da lugar a una variedad infinita de mensajes: enlaces a otras páginas o artículos, mensajes personales, estados de ánimo, micropoesía, quejas, reflexiones, comunicaciones prácticas, etc. Con estos mensajes, la gente trata de dar información en tiempo real sobre lo que está haciendo, leyendo o pensando. Esto puede generar mucho “ruido” poco interesante…pero también tiene aplicaciones didácticas. Con Twitter puedes proponer a tus alumnos, por ejemplo…
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escrito el 12 de Enero de 2010 por
Aprender a Pensar en
01. EDITORIAL
A nadie sorprende ya que digamos que el principio rector de este espacio es el de prestar un servicio a la comunidad educativa, y con esa intención nació: actualmente tenemos más de 100 blogs de docentes funcionando, nos visitan profesores y alumnos de todo el mundo y nuestros contenidos se rigen por los intereses del mundo educativo.
Pero no nos olvidamos de que este es también un proyecto pedagógico de largo alcance, pues tiene la pretensión de que todos, profesores y alumnos, aprendamos a pensar en comunidad y contribuyamos, en palabras del profesor Marina, a “incrementar la calidad del debate social sobre temas ético-políticos que competen a todos los ciudadanos”. “Aprender a pensar” cobra su verdadero significado con la sección que ahora inauguramos, Pensar en contexto, donde queremos invitarte a pensar sobre cuestiones vivas y candentes en las que estamos todos implicados, y son por ello difíciles de dirimir. La guerra, el conflicto entre distintos códigos morales, las leyes y su aplicación… “pensar” en abstracto no significa nada pues, como decía aquel, pensar es siempre “pensar contra algo”, revisar lo establecido, rastrear nuestras convicciones hasta hallar su fundamento. Dejando de lado los argumentos de autoridad y tradición y siguiendo únicamente el hilo del razonamiento, la filosofía empezó pensando “sin prejuicios”, y esto fue desde el principio un ejercicio polémico, sin duda. Aprender a pensar sobre asuntos que ocupan la portada de los periódicos, pero que representan al mismo tiempo cuestiones universales y atemporales, es hoy una tarea tan útil como necesaria. Tanto por lo que tiene de aprender, como por lo que al pensar se refiere.