Aprender a Pensar

Enfoques (MAR-2011)

Leer para crecer
Aprender a Pensar


El vínculo que naturalmente establecemos entre el hábito de leer y el desarrollo intelectual de la persona no es nuevo. Bien es verdad que hubo un tiempo en el que la lectura, como otras muchas manifestaciones del ocio, era un vicio, y así al Quijote, por ejemplo, “del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino a perder el juicio.” Pero después, bastante después, prácticamente en el último cuarto del siglo XX, la lectura se convirtió en un hábito saludable, recomendable y, muchas veces, obligatorio.

Los currículos escolares se poblaron de planes de fomento de la lectura y lecturas obligatorias, al tiempo que en algunos hogares se compraban libros al peso y cajas con forma de enciclopedia para albergar otros trastos distintos.

¿Cuándo y por qué se produjo este cambio? ¿Salieron ganando nuestros escolares con él?

Comprensión lectora

Hace ya un tiempo que se viene llamando la atención sobre la importancia de la comprensión lectora de los estudiantes. Efectivamente, es obvio que el que no entiende lo que lee no podrá aprenderlo, o al menos no por esa vía. Las pruebas PISA pusieron de manifiesto desde el principio que muchas de las dificultades para resolver problemas de tipo matemático o científico residían en el hecho de que los estudiantes no entendían lo que leían.

La comprensión lectora es la capacidad para entender lo que se lee, tanto en referencia al significado de las palabras que forman un texto, como con respecto a la comprensión global del texto mismo. El último informe PISA concluía que un alto porcentaje de los estudiantes españoles (en torno a un 26%) tienen cada vez más problemas con la comprensión lectora. Al tener en cuenta el entorno socioeconómico y cultural de los estudiantes que participaban en la prueba, PISA arrojó algunos datos intuidos hasta ahora pero no por ello menos sorprendentes, como por ejemplo la relación entre el resultado académico de los estudiantes y la cantidad de libros que hay en su casa. ¿Señala esto que quien tiene dinero para comprar libros lo tiene para dar formación y atención extra a sus hijos? ¿O que quien tiene libros los lee y eso influye positivamente en los hábitos de los estudiantes, por un efecto espejo? Esta última afirmación encierra dos supuestos distintos:
1) que la lectura es beneficiosa para el rendimiento académico, y
2) que la lectura es un hábito que se aprende.


Lectura y aprendizaje

¿Y por qué es tan importante leer? Frente a las sociedades tradicionales y antiguas, que se basaban en la transmisión de la cultura de forma oral, la nuestra está, de momento y parece que por mucho tiempo, centrada en el texto escrito. La transmisión de información relevante se hace a través del lenguaje escrito, por lo que un niño no competente en comprensión lectora tiene vetado el acceso a los propios contenidos que se trata de aprender y aplicar.

Información vs. conocimiento

En los últimos tiempos se ha venido calificando a nuestra sociedad indistintamente como “sociedad del conocimiento” y “sociedad de la información”. Sin embargo, información y conocimiento no son lo mismo. La información es una marea de datos que nos rodea y “se nos presenta” sin más, mientras que el conocimiento depende de lo que seamos capaces de hacer con estos datos. Una guía de teléfonos tiene valor porque sus datos están ordenados de manera que puedan localizarse rápidamente; los mismos datos, desordenados, no nos servirían para nada.

Siguiendo la caracterización que hace José Antonio Millán en su libro La lectura y la sociedad del conocimiento, podemos definir así a la información frente al conocimiento:


Es decir, que el conocimiento requiere de un proceso intelectual activo para producirse. Es necesaria la criba, clasificación y estructuración de la información para que se produzca conocimiento.

Escritura y pensamiento

Cuando las sociedades humanas empiezan a escribir, se abre la puerta a un tipo pensamiento, el abstracto, que no resultaba fácil generar y transmitir cuando la única vía de comunicación era el habla. Un texto escrito permite estructurar la información con un resultado mucho más rico y complejo, y por tanto, acceder a ella y procesarla implica y fomenta capacidades cognitivas complejas. La relación lectura-escritura-pensamiento es un hilo invisible que une unas a otras, confundiéndolas en ciertos momentos. Es por ello que quien acostumbra a leer textos con sentido desarrolla estrategias de selección y organización de la información, de manera que es luego capaz de reproducirlas, a la hora de escribir, pensar o hablar. Como cualquier actividad, la comprensión lectora mejora con la práctica; el niño o el adolescente que lee porque le gusta, y no solo porque le obligan, habrá tenido muchas más ocasiones y tiempo para desarrollar estas habilidades y practicarlas (igual que los deportes o la música). Esto explica que los alumnos con hábitos de lectura superiores a la media sean, por lo general, mejores académicamente.

Además, el texto escrito les resulta familiar, y poseen una actitud favorable hacia él, lo que sin duda facilita el acceso a su significado. Quizá esto aclare el dato del informe PISA: la cercanía con los libros, la oportunidad para leerlos y la invitación que supone ver a los adultos usarlos influye en los hábitos lectores de los niños, y esto, a su vez, en su rendimiento académico.

Leer para aprender y disfrutar con la lectura

Así pues, parece que quien tiene hábitos lectores está en general mejor preparado para acceder a los contenidos de las asignaturas. Aun así, es indudable que la escolarización debe asegurar un desarrollo adecuado de las capacidades de comprensión lectora y escritura, sea o no el alumno un lector habitual. Es necesario que en la escuela se trabaje con distintos tipos de texto, y que se enseñe a los niños a abordar la información e interpretarla de manera que sean competentes en el tratamiento de la información y el uso del lenguaje. En este sentido, lógicamente, la lectura es una tarea a completar en el periodo escolar, y aunque al amante de la literatura le parezca una pena, se convierte en una obligación.

Pero obviamente el niño al que le guste leer lo hará mejor, lo que explica que en los planes de lectura se ponga el acento en la lectura recreativa. Ahora bien, no podemos olvidar que la lectura, como hábito, se funda en el placer y en el gusto por su ejecución, como tantas otras aficiones y habilidades, y el gusto no se puede forzar: como dice José A. Millán, la lectura “no se trata sólo de la adquisición de unas técnicas. Si ellas no vienen acompañadas del despertar de una motivación, de poco servirían”. El gusto por la lectura, como la afición a la música, al deporte o el hábito de una alimentación saludable, depende de muchos factores en la vida y el entorno del niño: su círculo familiar, las propias costumbres de sus padres, y también, lo que explícitamente se le enseñe en la escuela. De poco servirá obligar a los niños a que les guste la lectura; desde el lado de los profesores y los padres se puede, solamente, compartir y provocar. Seguramente entonces, los niños lo aprenderán.

El fomento de la lectura

Existen muchas maneras de producir este interés. Daniel Pennac, en su imprescindible Como una novela, cuenta cómo empezaba sus clases leyendo un pequeño fragmento de un libro, dejándolo en un momento de inflexión de la narración. Los alumnos, que aun hoy no han perdido el gusto por dejarse contar buenas historias, le pedían que continuara, y puesto que no lo hacía, acababan agarrando el libro por propia voluntad. Otros profesores recomiendan ampliar mucho la oferta de libros, de manera que sea el propio alumno quien escoja sus lecturas. Puesto que debemos formar a nuestros alumnos en la lectura en diversos soportes, también podemos pedirles que busquen un blog sobre un tema que les interese especialmente y lo sigan. Además, muchos expertos coinciden en la necesidad de abordar la lectura de forma transversal, es decir, sacarla de su destierro al área de lengua y literatura, y proponer desde todas las materias tanto lecturas funcionales(ensayos, noticias, artículos, etc.) como recreativas (novelas relacionadas, cómics, blogs, etc.).

Más información:

Pautas para escoger las lecturas de nuestros hijos

Estrategias para mejorar la comprensión lectora de nuestros hijos

Ideas para organizar una biblioteca infantil

La lectura y la sociedad del conocimiento, José Antonio Millán (libre acceso)

Leer en la era digital en leer.es

Recursos para docentes en leer.es

Claves y consejos en leer.es

100 Barcos de Vapor para la escuela



escrito el 2 de marzo de 2011 por en 02. ENFOQUES


2 Comentarios en Enfoques (MAR-2011)

  1. adriana carrillo rodriguez | 01-02-2012 a las 19:07 | Denunciar Comentario
    1

    como puedo inprimir mi comprovante leer para crecer

  2. Aprender a Pensar | 06-02-2012 a las 12:35 | Denunciar Comentario
    2

    Hola, Adriana, ¿a qué te refieres con comprobante? Puedes imprimir la entrada utilizando el botón “Imprimir con Print Friendly” al final del post.
    Un saludo!

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