Aprender a Pensar

Enfoques (DIC-2010)

La disciplina en las aulas
Marta Velázquez Montiel

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Cada vez con más frecuencia y, en ocasiones, casi a diario, nos llega información a través de los medios de comunicación sobre distintos problemas de disciplina que tienen lugar en las aulas, bien sea entre los propios compañeros/as o por parte de un alumno/a hacia algún docente.

Ya se puede decir que esta situación no responde a un hecho aislado o puntual, sino que parece estar convirtiéndose en algo cultural, la cultura de la violencia, a la que debemos acostumbrarnos, cuando en realidad debería ocurrir todo lo contrario, rechazar la violencia.

En la actualidad, parece que el alumnado no reconoce la autoridad del profesorado, perciben que mantienen una relación horizontal, de igual a igual, lo que da lugar a repetidas faltas de respeto, enfrentamientos, insultos, etc., ya sea hacia sus iguales o hacia cualquier otro miembro de la comunidad educativa, principalmente hacia algún docente.

No obstante, es cierto que no podemos pretender acabar con esta situación de falta de disciplina con determinadas actuaciones puntuales, sino que debemos promover una cultura de paz, en la que todos se sientan implicados y aprendan a respetar a los demás, ya que sólo teniendo claro que nuestra libertad acaba donde comienza la de los demás y sentando unas verdaderas bases de respeto y cordialidad entre todos y hacia los otros, podremos avanzar en este tema.

En relación a esto, ya que no podemos reducir nuestra actuación a intervenciones concretas, tampoco podemos dejar al margen a la familia ni ignorar su importante colaboración.

Así, mencionar que, como indican muchos autores, la familia puede considerarse el primer núcleo de socialización de los niños/as, y por este motivo, la educación que comiencen dando a sus hijos/as tendrá una importante repercusión a lo largo de su infancia, incluso durante toda su vida.

Por este motivo, para intentar mejorar la disciplina en las aulas, puede ser beneficioso el hecho de que se organicen algunas actividades conjuntas centro-familia como convivencias, intervenciones con las familias, como puede ser una escuela de madres/padres, debates, etc., en las que las familias asuman el papel crucial que tienen encomendado y donde puedan recibir el apoyo y la formación que precisen o resolver las dudas que se les presenten. El hecho de que las familias se impliquen, favorece que podamos desarrollar objetivos comunes, que beneficien al alumnado, tanto dentro de la escuela, como en el seno familiar o en sus interacciones con sus iguales.

Pero además de que el profesorado trabaje de forma colaborativa con la familia, es imprescindible concienciar al alumnado, ya que deben tener presente que son responsables de sus actos y que deben tratar a los demás como a ellos les gustaría que les trataran: con respeto.

De este modo, tiene especial importancia el promover actitudes de respeto, habilidades sociales y comportamientos asertivos, de forma que aprendan que se puede tratar a los otros con actitudes contrarias a la violencia y que está en sus manos cambiar sus comportamientos y actitudes.

Por todo ello, los docentes no podemos ignorar actuaciones violentas, porque el alumnado debe aprender lo que debe y lo que no debe hacer y somos nosotros una de las principales figuras que puede enseñarles; no obstante, hemos de tener siempre presente que no podemos imponer la paz con métodos coercitivos, con gritos o malos modos, ya que somos modelos parar nuestro alumnado y pueden pensar que si el profesor/a nos trata a gritos, por qué motivo no van a hacerlo ellos/as; y nosotros podemos evadir nuestra responsabilidad pidiendo al alumnado que hagan lo que les decimos pero no lo que nosotros hacemos.

Entonces estaríamos planteando a nuestro alumnado un sinfín de mensajes contradictorios e incongruentes, por lo que no conseguiremos alcanzar los objetivos que nos planteamos con respecto a la falta de disciplina y de respeto. Además, decir que el respeto hay que ganárselo, no implantarlo, esto sólo se consigue siendo congruente, respetando también a nuestro alumnado y colaborando con las familias.

En definitiva, el lograr que haya disciplina en clase, el que el alumnado manifieste respeto entre ellos y hacia los demás miembros de la comunidad educativa, requiere de un proceso continuo en el tiempo en el que debe implicarse toda la comunidad educativa, asumiendo el alumnado el papel central, junto con el profesorado.



escrito el 2 de diciembre de 2010 por en 02. ENFOQUES


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