Aprender a Pensar

Editorial (NOV-2010)

Algunos acontecimientos recientes y conversaciones recurrentes nos han hecho pensar últimamente en las peculiaridades del colectivo de los profesores. Es impensable que aquí pudiera ocurrir algo parecido a lo que ha sucedido en Washington, donde Michelle Rhee, responsable del área de educación en el Ayuntamiento, ha despedido a más del 5% de la plantilla de profesores de la ciudad además de ordenar el cierre de 21 escuelas tras realizar una evaluación del cuerpo de profesores a través de los resultados de los alumnos en pruebas estandarizadas. Esto puede invitarnos a reflexionar sobre la escasez de evaluaciones a las que se somete a los profesores en el sistema educativo español (según el informe TALIS de la OCDE, el 45% de los profesores españoles no ha sido evaluado en los últimos cinco años, y apenas un 24% ha recibido evaluación externa).

Pero más allá del debate acerca de la necesidad, utilidad y eficacia de las evaluaciones del profesorado, esta noticia enlaza con la reflexión que compartía con nosotros hace poco un profesor en un curso de formación sobre web 2.0. Nos decía que “daba no sé qué” hacer pública nuestra actividad docente en un blog, “igual que cuando cerramos la puerta de clase para que no se nos oiga desde el pasillo”, por miedo a lo que puedan decir padres, colegas o directivas. Estábamos de acuerdo en que el profesorado es un colectivo muy celoso de su autonomía y de la privacidad de sus recursos y métodos. En parte, probablemente, porque las leyes no lo protegen lo suficiente en ciertos aspectos. En parte también por la “huella” indeleble que dejan ciertos procesos selectivos, que nos llevan a guardar “nuestros” apuntes e ideas como si fueran tesoros para que nadie más pueda utilizarlos. Y más allá de esto… no sabemos por qué. ¿Por qué pensar que nuestro trabajo, si se conoce más allá de los muros de nuestro aula, será juzgado negativamente?

Cuando las virtudes del trabajo en red y de la libre circulación de recursos son visibles en la gran mayoría de las profesiones, y los colectivos del ámbito de la formación y el conocimiento están en conexión permanente en busca de una formación permanente, muchos profesores y muchos centros llevan a cabo su trabajo como organismos aislados, ajenos al trabajo del resto de sus compañeros de oficio. Esté esta peculiaridad originada por la falta de recursos, la falta de habilidades o el exceso de celo del que hablábamos antes, lo cierto es que nosotros somos los principales damnificados por ella.

Son muchos los docentes que ya son expertos, otros muchos los que están aprendiendo, y casi todos los que están pre-ocupados con este asunto. Los profesores que integraban nuestro grupo de investigación señalaban como una de las principales dificultades para desarrollar su “metodología 2.0” la falta de apoyos que encontraban entre los claustros y los equipos directivos de sus centros.

Luego tenemos dos problemas, probablemente relacionados: la falta de integración de las TIC por parte del profesorado en su actividad laboral (no necesariamente para dar clase, sino para estar conectado con otros compañeros de profesión) y el trabajo “excesivamente” autónomo, que llega en ciertos casos a ser “secreto”, de muchos de sus integrantes.

Y a vosotros, ¿qué os parece?



escrito el 2 de noviembre de 2010 por en 01. EDITORIAL


1 Comentario en Editorial (NOV-2010)

  1. soren | 02-11-2010 a las 19:23 | Denunciar Comentario
    1

    A mi no me molesta dejar la puerta abierta, que se me oiga desde el pasillo, si me parece mal que un padre/madre critique mi forma de llevar la clase sólo por lo que su hij@ le pueda contar, o por no llevar la programación según el cree. esta puede ser una de las respuestas a la pregunta que formulan:”¿Por qué pensar que nuestro trabajo, si se conoce más allá de los muros de nuestro aula, será juzgado negativamente?”.
    Estoy a favor de la evaluación continua del profesorado, me parece muy importante para ser más eficaz y eficiente en esta profesión en contínuo cambio.
    Cierto es que no tenemos el suficiente apoyo desde los equipos directivos, presionados por otros ámbitos muy lejos del día a día de las aulas, y personalmente, reclamo más medios técnicos en el aula para poder desarrollar una metodología 2.0

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