Editorial (DIC-09)
Una vez más terminando el primer trimestre, podemos ya mirar atrás y hacer balance de este curso: ¿dónde nos encontramos, entre profesores que son ya autoridades, pactos educativos que no llegan a cuajar y un plan Escuela 2.0 que en algunos casos se está haciendo esperar?
Los encuentros que nos han servido de presentación para el Proyecto Aprender a Pensar en Zaragoza, Madrid y Sevilla nos sirvieron para encontrarnos con muchos de vosotros cara a cara y resolver algunas dudas, aunque otras muchas se quedaron en el tintero. Quizás habría, como sugirió Augusto Ibáñez en uno de los coloquios, que habilitar un espacio de encuentro on line para terminar de resolverlas todas, pero entonces surgirían otras, e incluso los participantes empezarían a preguntarse entre sí sobre otros asuntos, constituyendo entonces la “red de conocimiento” que quiere ser Aprender a Pensar.
El profesorado más escéptico (o quizá, más resabiado, porque ya vivió la “revolución” del vídeo, y la del DVD, y… etc. etc.) mira con desconfianza una iniciativa de este tipo, aunque no dejan de estar allí para ver si “esta vez sí que sí” la cosa funciona. A otros les parece fantástico pero no entienden qué tiene que ver eso de la web 2.0 con sus clases. Otros creen que los blogs solucionarán cualquier contratiempo e incluso que contienen la fórmula mágica para encandilar como la flauta del encantador a los alumnos a los que nunca se ha podido llamar “estudiantes”, porque no estudian.
Pues bien, puesto que en el término medio se encuentra la virtud, no seremos nosotros quienes prometan milagros, sino que intentaremos ser objetivos. Las nuevas tecnologías pueden no ser la solución para muchos problemas, pero hay dos cosas que sí son podemos afirmar: por un lado, que son un recurso más que nos permite explorar otros espacios de comunicación, tanto dentro como fuera del aula, y abrir nuestro abanico de posibilidades para la docencia; y por otro lado, que dentro de muy poco tiempo puede no ser una opción nuestra incorporación al carro de las nuevas tecnologías. Si queremos formar ciudadanos para el mundo que viene, tendremos que saber usar el lenguaje que habla el nuevo mundo, para poder entrenar a esos jugadores (en una imagen de J.A. Marina) que sin duda lo hacen mucho mejor que nosotros, pero necesitan de nuestra guía. Como lo han hecho siempre.



