Aprender a Pensar

Enfoques (OCT-09)

La necesidad de formación en valores ciudadanos en un mundo globalizado

Isabel Fca. Álvarez Nieto

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En los últimos años, el concepto de educación ha cambiado mucho en función de su adaptación a las demandas sociales, llegando en el siglo s.XX a convertirse en el principal expendedor de títulos, creador de jerarquías y distribuidor de trabajadores, tal y como apunta Marina Subirats [1]. Y es precisamente este último hecho el que distorsiona la que debe ser su principal función, la de ser transmisora de conocimientos.cadeneta
Así, poco a poco y por diversos factores ha llegado un momento en que esta concepción de la educación se ha resquebrajado, demandando la creación de un nuevo modelo de educación que requiere a su vez de una nueva figura docente que no se limite a la simple transmisión de conocimientos, sino que capacite a los individuos para aprender a aprender, haciéndolos capaces de seleccionar por sí mismos los conocimientos y valores que necesitan.

Hay una frase que he podido escuchar últimamente en distintos medios que apunta a la idea de que “la tribu no educa”; y es así, actualmente nos hallamos en la realidad de una sociedad tendente a la globalización en la que faltan referentes sociales que ofrezcan unos valores o pautas de comportamiento que permitan actuar como ciudadano de hecho y de derecho. Frente a este vacío se hace patente la necesidad de que la escuela cubra esa carencia, antaño transmitida por la “tribu”, y asuma la educación para la ciudadanía, cuya asignatura se implanta para el nivel de primaria en el presente curso 2009 – 2010.
Pero antes de sumergirnos en esta tarea deberemos tener claro en qué valores, desde qué ética y desde qué moral, queremos educar. Para empezar, es necesario educar para la ciudadanía porque desde la sociedad se le exige a la persona que se comporte como ciudadano, proponiéndole unos valores de libertad, independencia, autonomía y capacidad de participación. Y también porque la calidad moral del ciudadano, entendiendo como contenida en ésta valores de libertad, prudencia, igualdad y sabiduría, determinará la altura moral de la sociedad.niños
Así pues, desde estos valores que se le presuponen al ciudadano/a es desde donde habrá que partir para lograr una sociedad con habitantes autónomos, tolerantes desde la democracia e impregnados de los valores de justicia y dignidad para todos/as, de modo que puedan integrarse del mejor modo posible en sus relaciones interpersonales y en su contexto.
Se trata de educar para que la persona realice su proyecto de vida buena y que sea dueña de sí misma, teniendo presente la perspectiva de los derechos humanos para su adecuada democratización social.
En este punto habría que prestar atención, no obstante, a un aspecto que tiene gran relevancia y es el hecho de que no sólo la escuela educa, también el contexto, si es el apropiado, puede contribuir a la formación de competencias éticas y ciudadanas. De ahí la importancia de que la familia y las distintas instituciones asuman responsablemente el papel que les corresponde, formando a ciudadanos prudentes y justos.

1SUBIRATS, M. (1999): “La educación del s. XXI: la urgencia de una educación moral” en La educación en el S. XXI. Los retos del futuro inmediato. Barcelona. Graó. p.171-180.


escrito el 5 de octubre de 2009 por en 02. ENFOQUES


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