Aprender a Pensar

Enfoques (NOV-09)

Diversas aproximaciones a aprender a pensar

Julieta Nolan

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Hace ya mucho tiempo que la educación se encuentra en crisis (¿desde siempre?) y que docentes, expertos en educación y la sociedad en general se preguntan cómo mejorar la calidad de los programas educativos y de la formación de los futuros ciudadanos. Una de estas respuestas a La Pregunta es, desde hace más de 30 años, la formación específica de los estudiantes en “habilidades de pensamiento”, “capacidad reflexiva” o, sencillamente, estrategias para “aprender a pensar”.

Es inevitable entonces acordarse de una disciplina particular, a la vez que general, que tradicionalmente ha consistido en el “buen razonamiento”, lo sea éste en su vertiente lógica o en su vertiente moral: la filosofía.

Procedimientos y contenido

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Pueden destacarse dos corrientes predominantes entre los programas educativos que señalan la necesidad de aprender a pensar, si atendemos al aspecto de la filosofía que unos y otros destacan para “aprender a pensar”: aquella que dedica más atención a su vertiente procedimental – la ejercitación en discursos y razonamientos más coherentes y argumentados-, y aquella que resalta el valor de su contenido, los conceptos y sistemas filosóficos. Ambas corrientes provienen de los Estados Unidos, pero una ha sido mejor acogida que la otra en Europa.

Habilidades de pensamiento

Por un lado, aquellos que promulgan el desarrollo de “habilidades de pensamiento” desligadas del contexto filosófico están representados por Feuerstein y Sternberg y su Critical Thinking, en los años 70, y el National Center for Teaching Thinking (NCTT) de Robert Swartz, en la actualidad. El NCTT propone un programa de aprendizaje que integra (el término utilizado en inglés es infusion, de infundir) el desarrollo de estas habilidades con la enseñanza de los propios contenidos de las materias. ¿A qué se refieren cuando hablan de “enseñar” o “aprender” a pensar? A realizar de forma correcta inferencias, comparaciones, analogías, razonamientos causales, pero también a deliberar coherentemente, tomar decisiones de forma efectiva, y, en resumen, a saber manejarse en la vida. Sin duda, esto suena a competencia educativa.

Filosofía para niños

Pero, ¿qué ocurre con la otra vertiente? El movimiento acogido con más entusiasmo en Europa y que más difusión ha tenido en el resto del mundo ha sido, sin duda, el programa de Matthew Lipman Filosofía para Niños (FpN). No pretendemos descubrir nada y, en cualquier caso, no habría espacio aquí para detallar el alcance de tal programa, pero sí intentaremos resumir sus pretensiones y su método, y algunas de sus derivas en los últimos años..

427894El programa de filosofía para niños no pretende, en ningún modo, ser un curso de filosofía para niños, una filosofía “miniaturizada”, sino ayudar a despertar y potenciar en los niños una actitud que en ellos es natural, la curiosidad por el mundo en el que viven.

A través de las “comunidades de investigación” formadas por un grupo de niños y adolescentes y un “facilitador” (término que sustituye al de profesor, porque se distingue netamente de esta figura), los niños indagan y descubren en un entorno de diálogo y debate razonado, donde el facilitador solo ejerce, al modo socrático, de guía del descubrimiento, destacando aspectos relevantes de las intervenciones, señalando contradicciones o lanzando preguntas.

Todo este programa se estructura en torno a una serie de novelas, adaptadas a cada edad (desde los 4-5 años hasta los 16-17), a través de las cuales los niños van abordando cuestiones relacionadas con el lenguaje, la destreza lógica, el mundo o los valores. Las novelas se acompañan de detallados manuales de apoyo para estructurar las sesiones. El éxito del programa Filosofía para Niños se debe también a su labor de formación del profesorado, pues cuenta con centros por todo el mundo que difunden el programa con talleres prácticos y seminarios.

Discusiones con enfoque filosófico

Una de las derivas de el programa FpN fueron las “discusiones de enfoque filosófico”, que se introdujeron en el sistema educativo francés a finales de loa años 90, como resultado concreto del movimiento de Nuevas Prácticas Filosóficas que circulaba por las universidades francesas desde hacía unos años.

En Francia, profesores de primaria y secundaria ponen en práctica, a través de la media hora semanal reservada para el debate (que ya existía previamente), la discusión filosófica, o, más exactamente, la discusión con enfoque filosófico. El programa se implantó sobre todo en zonas ZEP (Zonas de Educación Prioritaria), y en el programa SEGPA, que atiende a chicos con necesidades especiales de aprendizaje de entre 11 y 14 años.

El programa despertó mucha controversia en sus primeros años, y hoy clasepuede decirse que el balance es más positivo que negativo. Se trata de una adaptación del programa de filosofía para niños de Lipman, en el que el docente tiene, por decirlo así, “demasiada” libertad, debido a la escasez de orientaciones por parte las autoridades educativas para llevar a cabo esta tarea. Por ello abundan los materiales pedagógicos en internet y la bibliografía sobre el tema. Con los debates filosóficos se pretende alcanzar varios objetivos, muy en línea con los propósitos generales del sistema educativo francés:

• Profundización en un tema transversal, relacionado con otros contenidos o actividades realizados en clase, analizando una noción
• Estructuración y construcción colectiva de un razonamiento
• Manejo hábil del lenguaje
• Escucha del otro, respeto en el debate, respeto por las ideas de otro.

La introducción de esta práctica incluso en niveles preescolares, en un país que se enorgullece de conceder un gran peso a la filosofía en las etapas superiores de la educación, generó muchas discusiones, de las cuales la lucha corporativa de los profesores de filosofía para defender su área de competencia no fue la menor.

La formación del profesorado

El mayor problema que se planteaba era la formación del profesorado y el riesgo de sesgo ideológico de los debates. La práctica fue defendida con argumentos muy parecidos a los utilizados, por poner un ejemplo reciente, para hacer valer la pertinencia de una materia como Educación para la Ciudadanía (materia que, por otro lado, se imparte en Francia desde hace mucho tiempo): la necesidad de formar ciudadanos capaces de deliberar y elegir autónomamente en una sociedad democrática. Todo ello relacionado a su vez con la necesidad de “aprender a vivir juntos” de la que habla Delors en su informe como una de las competencias clave.

En resumen: aprender a pensar puede entenderse como la adquisición de las habilidades necesarias para llevar a cabo razonamientos complejos que nos permitan entender mejor lo que nos rodea y arbitrar los medios necesarios para conseguir nuestros fines, pero, desde una perspectiva más humanista, parece difícil que esta adquisición no implique el desarrollo de una persona autónoma, socialmente competente y dotada de una “brújula moral” que no permita a los medios desligarse de la bondad o maldad de los fines. La filosofía ha tratado desde siempre de unificar ambas vertientes, y puede resultar útil inspirarse en ella para que nuestros alumnos aprendan a pensar.



escrito el 29 de octubre de 2009 por en 02. ENFOQUES


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